Bueno, pues ya hemos regresado de nuestro periplo por tierras belgas y tierras flamencas. Conclusión: Cuanto nos queda por aprender y conocer.
La gente de por allí es muy afable, muy amable y en general, extremadamente culta. Ni que decir que TODOS hablan flamenco e inglés como mínimo. Desde el universitario hasta la abuela de 60 años (comprobado de primera mano).
Tienen una concepción del cuidado de la naturaleza increible. Salvo en Amsterdam, a la que si quitamos el barrio rojo, los coffees shops y los canales se queda en un “simple” Madrid, todas las ciudades y pueblos que visitamos estabas limpísimos. Los jardines pareciera que los acababan de arreglar.
Como su fama ya atesora, la bici es la reina del transporte y de las ciudades, haga frio, llueva (paragüas en mano y abierto si es necesario) o el sol abrase (hablando o escribiendo sms con el móvil en marcha). Hasta tal punto que en muchos sitios hay calzada para los coches, carril bici… ¡pero no hay acera!. El parque automovilístico, o son los llamados greenwheels (coches que consumen poco y tienen además batería) o son vehículos de gama alta. Pareciera no exitir término medio.
Y las obras, que son gigantescas, los puentres levadizos, giratorios, de todos los modelos que os podáis imaginar…
Y os seguiría contando durante horas cositas de Holanda, pero creo que lo mejor es que lo visitéis por vosotros mismos, o si no, preguntad lo que queráis saber. Además, dentro de 6 horas tengo que estar en pie…