Sorpresa. Acción y efecto de sorprender. Coger desprevenido. Conmover, suspender o maravillar con algo imprevisto, raro o incomprensible. Hoy la visita no era de noche, aunque en el mismo contexto. Estaba sorprendido, esa era la palabra. Las cuatro de la tarde. La mecha que enciende la bomba de relojería siempre es la misma. El nombre de una ciudad, el color de la luz entrando por la ventana o el silencio del silbido de la brisa del viento. Sí, muy poético todo. Basta un grano de arena en la cima para derrumbar el montón de los recuerdos imposibles de olvidar. La bomba explota, y suele llevar metralla.
¿Debería hablar en tercera persona? ¿O en primera? No sé, o no sabe, quien de los tres es o soy. El que se asusta por la noche y se ahoga, el tipo gris de las mañanas, o un tercero por descubrir. Parece complejo, pero todo es tan sencillo como la mente de alguien que se niega a ser como es. Es un juego de tres en el que cada uno movemos la misma ficha con manos distintas.
Le quiero perseguir. Él no se deja. Sigue corriendo. Cuando no le hago caso se apodera de mí, pero no puedo controlarle.
Tengo que matarle. O aprender de él.
Sigue el viento soplando, y la noche se acerca…