Óxido Naranja III

Sorpresa. Acción y efecto de sorprender. Coger desprevenido. Conmover, suspender o maravillar con algo imprevisto, raro o incomprensible. Hoy la visita no era de noche, aunque en el mismo contexto. Estaba sorprendido, esa era la palabra. Las cuatro de la tarde. La mecha que enciende la bomba de relojería siempre es la misma. El nombre de una ciudad, el color de la luz entrando por la ventana o el silencio del silbido de la brisa del viento. Sí, muy poético todo. Basta un grano de arena en la cima para derrumbar el montón de los recuerdos imposibles de olvidar. La bomba explota, y suele llevar metralla.

¿Debería hablar en tercera persona? ¿O en primera? No sé, o no sabe, quien de los tres es o soy. El que se asusta por la noche y se ahoga, el tipo gris de las mañanas, o un tercero por descubrir. Parece complejo, pero todo es tan sencillo como la mente de alguien que se niega a ser como es. Es un juego de tres en el que cada uno movemos la misma ficha con manos distintas.

Le quiero perseguir. Él no se deja. Sigue corriendo. Cuando no le hago caso se apodera de mí, pero no puedo controlarle.

Tengo que matarle. O aprender de él.

Sigue el viento soplando, y la noche se acerca…

Óxido Naranja II

La misma canción suena una y otra vez, aunque no paga derechos de autor. Cuando me aburro de ella paso a la siguiente, pero la lista es corta. Se repiten fácilmente. En una hora puedo haberlas escuchado tantas veces como las que pienso en que no quiero oír otra cosa.

No sé por qué lo he hecho. Quiero creer que es un catalizador de cambio. La forma de sacarme de encima la pulpa de ese zumo que nunca me he bebido.

Ha salido el sol y me da en la cara, pero hay quinientos grados bajo cero a la sombra de un corazón. Un agujero blanco del que sale todo pero no entra nada. Seguiré con calma por un camino de piedras que me hablan a las que escucho y oigo pero no hago caso.

Cierro los ojos izquierdo y derecho. Irónicamente sueño lo mismo que estoy viviendo. He perdido creatividad, hasta en los sueños.