Óxido Naranja

Soy la misma persona de hace 900 noches. Nada ha cambiado salvo el tiempo que me separa de mi mismo y los días del calendario.

Me despierto de nuevo, vuelve a ser de noche pero el sol de las farolas ha salido. Son las luces de siempre: color naranja, vapor de sodio. La ciudad ha cambiado. Los motivos son los mismos, el borde negro de la acera. Me mira. Yo le miro. No soy nada, pero él tampoco, y su existencia me hace replantear la mía. ¿Estoy loco? Puede. Juego a redifinir mi percepción de la locura. Me persigue. Se apodera de mi en reemplazo de algo inexistente. No es cordura, es nada. Al fin y al cabo soy esclavo de mi mismo, también soy mi dueño, pero hoy no quiero ejercer mi derecho a la propiedad. Me dejo llevar. Otro vaso más ¿Cuántos ya? No me importa, seguramente despierte con dos resacas. Una de ellas moral. Alcohol, maría, y un revoltijo de cápsulas blancas. Tengo miedo. No soy dueño de mis actos. Los ejecuto guiado por algo indefinible. Ahora es mi solo de piano, pero me he ido ligeramente de la melodía.

Quiero gritar pero es absurdo. No tengo energía de salida y estoy sordo. No me voy a oir. No hay nadie para oírme. Me visto y  salgo a la calle. Una botella de cristal está deshecha en pedazos. Creo que la tiré, minutos atrás. Ese era mi grito. No quiero vivir. El peso de los motivos es tan pequeño como las horas que me separan para pensar lo contrario. Me rio de mi, pero en cinco minutos me tomare en serio. Luego me tomaré a broma el que haya pensado tomarme en serio. Nunca decidiré nada en claro. Nunca tengo claro que decidir.

Sigo oyendo el sonido de los coches a lo lejos. Ahora intento escapar de mi. Estoy corriendo. No se cómo, vuelvo a casa.

Me hundo en las sábanas. Esta lloviendo pero no hay nimbos ni estratos. Quiero parar, reclamar mi garantía de ser humano defectuoso. Despegarme de mi. Lo más absurdo me come, lo mas grande me es indiferente. En dos segundos seré feliz, durante tanto tiempo como el que pasa entre dos gotas de lluvia en una tormenta a cámara rápida. Volveré a dormir, y despertaré para refugiarme al amanecer. Entonces querré ser el rey. Pensaré que nada ha sido verdad. Sólo hasta que se vaya el sol.

Algo he entendido: las noches me dan miedo. Me convierten en algo que no quiero ser de día.