La noche está oscura, solo dos luces rojas, lazarillos de los aviones se dejan ver a lo lejos. Negra, negra, negra… como blanca está la pantalla.
En algún lugar estará registrada la última vez que me puse a escribir por el mero placer de hacerlo, me enfrento con una mezcla de curiosidad y miedo a la afamada prueba de la página en blanco.
Es curioso… he empezado y abandonado tres relatos hoy antes de decidirme a escribir esta verdad.
Después de tanto tiempo… dejo una foto en la estela inaugurada por nuestro querido amigo hemisferial.
Ventanas indiscretas. Madrid, 2008
K.
