Madrid siempre ha sido una ciudad ruidosa, seis millones de personas se mueven de acá para allá en un ritmo constante que no se detiene ni de noche. Coches, voces, taladradoras, cementeras, más coches… siempre se oye algo y ese algo nunca es silencioso.
Ciertamente, como en toda ciudad, uno aprende a abstraerse, esos ruidos se convierten en algo tan habitual que uno no se da cuenta si no es porque tiene voluntad de oir. Pero últimamente, un fenómeno que se extiende inexorablemente viene a romper con este acuerdo tácito entre el ruido ambiental y nuestro cerebro. Se conoce como “pongo-música-en-mi-móvil-a-todo-meter-y-pasando-de-los-cascos” y tiene carácter de plaga. En el metro, en los bares, en un semáforo… Siempre, siempre hay alguien que tiene que sacar el móvil y usarlo para lo que no vale, para reproducir música. Tal y como yo lo veo, este comportamiento nos indica de estas personas que:
1.- no tienen respeto ni por los demás ni por la salud mental común.
2.- no valoran en absoluto la música que escuchan. es de sobra sabido que el altavoz de un movil no es el médio más idóneo para escuchar nada. La cálidad apesta, el sonido se rompe y la compresión es tal que dificilmente puede uno extraer la letra de cualquier melodía más allá de un farfulleo rítmico…
A mi que me lo expliquen.
Confío en que quede en una moda pasajera, o va a ser mucho lo que nos va a tocar sufrir.

Y hasta aquí puedo leer, que este tema me pone tensa y me perturbo…